Sobre sentir opinar y pensar - De Musas Y Críticos
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sobre pensar y opinar

Sobre sentir opinar y pensar

Con frecuencia tengo la sensación de que vivimos inmersos en un código de lo políticamente correcto, que dota de validez cualquier opinión por infundada que esta sea. Confundimos sentir opinar y pensar.

«Son pocos los que piensan, pero todos quieren tener una opinión».

Hace poco me topé con esta frase leyendo a Schopenhauer, (por cierto, la frase no es suya). Es de esas frases que esconden algo que te atrapa y me llevó a una profunda reflexión. Tanto en mi vida profesional como personal, me he encontrado con demasiadas personas, cada vez más, que pretenden tener opiniones sobre cualquier tema y que, además, exigen que su opinión se respete en sentido amplio, es decir, que se de por válida y se acepte.

Nunca había encontrado la manera de rebatirlo hasta que di con esta frase.

Dándole más vueltas al asunto he elaborado una clasificación de las opiniones que me permiten separar el sentir opinar y pensar.

En el primer grupo se encuentran aquellas opiniones que contienen un elevado componente de emocionalidad. Es decir, la opinión deriva de lo que se siente en relación a una cuestión o tema. Dado que la persona se siente identificada emocionalmente con la opinión que expresa es imposible argumentar ni contra-argumentar. Pienso que solo podemos debatir cuando estamos libres de ese vínculo emocional o como mínimo somos conscientes de que existe y lo aceptamos como un factor que condiciona nuestra opinión. Este tipo de opiniones ya no las voy a tener en cuenta nunca más. Le sirven a la persona que las emite o las siente y punto. Y la opinión se convierte en una efusión de la emoción.

En un segundo grupo, están las opiniones derivadas de lo que he escuchado que piensan otros. Tras la frase que encabeza este artículo creo que puede deducirse fácilmente a qué me refiero. En este caso, tampoco voy a perder el tiempo. Las personas con este tipo de opiniones no tienen argumentos para debatir o matizar lo que exponen. Su opinión no es conclusión de una reflexión y, por lo tanto, solo es posible establecer un diálogo de besugos.

El tercer grupo está compuesto por aquellas opiniones de personas que están formadas, han pensado, han experimentado determinada situación y tienen una valoración madura sobre una determinada cuestión. Podrá coincidir o no con la mía, pero siempre es enriquecedor y gratificante debatir con este tipo de personas.

Así simplifico este mundo de locos en que todo el mundo quiere opinar y pocos dedican el tiempo a pensar y validar sus opiniones con conocimiento o experiencia real.

por Gloria Llatser 

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