¿Y tú, tienes tiempo para leer? - De Musas Y Críticos
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¿Tienes tiempo para leer?

¿Y tú, tienes tiempo para leer?

Con demasiada frecuencia utilizamos la falta de tiempo como excusa para no hacer las cosas que queremos hacer, que nos gustan o que nos apetecen. No tengo tiempo para leer, no tengo tiempo para hacer deporte, no he tenido tiempo de llamarte. Yo personalmente retrasé años y años la escritura de esta novela porque no tenía tiempo. ¡Ay, ese tiempo maldito que se escurre y nos engaña!

Por fin, encontré tiempo y al encontrarlo encontré un tesoro. Ese tesoro ha ido creciendo y multiplicándose en otros múltiples y variados, todos ellos inesperados y sorprendentes.

Esta entrada es mi agradecimiento a todas aquellas personas que han buscado y encontrado un hueco para leer «Diego Lobeira. Historia de un bastardo».

Tesoros encontrados

Con las manos hundidas en la tierra escarbo. Arranco piedras y raíces descarnándome las uñas. Sueño con cavar profundo, pero apenas logro hundir más que la muñeca. Me mueve la pueril curiosidad de descubrir algo inesperado. 

Todavía con piedras bajo las uñas negras recuerdo esa sensación de cuando empecé a escribir. Me movía la infantil ilusión que nos hace ver lo nuevo como algo mágico, un espacio cargado de sorpresas y tesoros por descubrir. Esa niña inquieta y curiosa que siempre he sido, me impulsó a seguir escarbando cada vez más hondo. No tenía mapa ni pistas, o quizás sí los tuviera, pero no los sabía usar porque eran de otros. Me abismé en las profundidades mezclándome con el olor a polvo y tierra mojada.

Empujada por la infundada convicción de encontrar un tesoro, he cavado un corredor subterráneo que recorre las entrañas de mi ser y me conecta con decenas de personas, que quieren y buscan tiempo para leer, y se han sentido atraídas y seducidas por ese imbricado túnel que es “Diego Lobeira. Historia de un bastardo”. Tras kilómetros y kilómetros de excavación he descubierto una concentración de riqueza inagotable en vuestros comentarios y prudentes elogios a mi opera prima.

Concebí la novela como algo ajeno, que no me pertenecía o, al menos, no a mí sola. Desde un principio sabía que “Diego Lobeira” no era nada sin lectores. Debo reconocer que mi intención era engancharos. Pero me habéis sorprendido. Diría más, me habéis pillado desprevenida y estoy absolutamente seducida con vuestros #momentosDiegoLobeira plasmados en las fotografías que subís a redes. Cada comentario, llamada o mensaje en los que me habláis de alguna escena, de vuestras impresiones o me hacéis preguntas sobre algún aspecto de la novela es un tesoro que da sentido a esta búsqueda. Escribí «Diego Lobeira» con la intención de que tuviera varias lecturas, varios niveles de significado o de interpretación. Buscaba interactuar con lectores y lectoras, implicaros.

Desearía tener el don del teletransporte para charlar con vosotros en persona, para hablar de esta criatura que de manera efímera nos une. Mientras la especie no evolucione hasta ese punto, seguiré haciendo presentaciones para teneros cerca, escuchar vuestras impresiones y compartir con vosotros este condominio que hemos creado entre todos. Porque siempre he tenido claro que “Diego Lobeira” sin lectores no es nada.

Con las manos hundidas en la tierra seguiré escarbando cada día con la intención de encontrar nuevos túneles que me conecten con vosotros: tesoros que encuentran tiempo para leer.

Gracias.

Gloria Llatser

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