Cómplice de locura - De Musas Y Críticos % %
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relato corto

Cómplice de locura

relato corto escrito por Mª Gloria Llatser, blogger de relatos 

Mi primer impulso fue lanzarme a su cuello y estrangularla hasta aplastarle la traquea y la laringe. Sospeché que mis huellas marcadas en su piel podían delatarme. El cerco de la investigación se ceñía sobre mí. Inventaba lugares a los que escapar. Sentí la persecución policial e inmediatamente pasé a imaginar una muerte por asfixia con la almohada del sofá o la de la cama, o quizás en el mar bajo el agua.

El juego articular de mi mandíbula presentaba problemas de encaje. Yo me esforzaba por mantener una expresión de normalidad, como si no hubiera visto lo que vi. Pero Melisa me miraba de forma extraña, con fuerza, como si quisiera capturar mis pensamientos.

Me sentí descubierta y forcé una sonrisa. Una de esas en las que estiras los labios y enseñas los dientes, pero las mejillas no se mueven, y querrías cerrar los ojos y borrar lo que acabas de ver, aunque lo hayas visto con la intuición y no con la vista.

Quizás a la que tuvieran que colgar de una soga fuera a mí por estúpida integral, por no haber hecho caso del cúmulo de pistas inconexas que yo me había empeñado en justificar.

A nadie se le ocurriría hacer comprobaciones sobre los antecedentes de alguien que has conocido de manera natural en el vestuario del gimnasio. Pero sinceramente, recomiendo hacerlo.

Te abres, le dejas que entre en las partes más íntimas de tu ser, de tu vida, de tu hogar. Es una sensación que reconforta, especialmente si te sientes frustrada y estás en una de esas épocas en las que crees que la vida podría ofrecerte algo mejor. Aparece una nueva amiga y proyectas en ella expectativas incumplidas. Envuelves el desaliento en entusiasmo y escribes una historia de ficción a lo Telma y Louise.

¿Y cómo voy a salir ahora de esta? Lo sé. Sé perfectamente que es ella. Lo he visto aunque no haya mirado. Tenía un whatsapp de Luis. No sé si lo había mandado ella o él, eso da igual.“¿Te llamo?” A las 19:38. Yo llegué a casa antes de lo habitual, antes de las ocho. Él hablaba en el balcón, entre susurros, en un tono inusual. “Tengo que colgar. Acaba de llegar”. Le escuché.

Un destello de verdad ilumina decenas de otros detalles que se me acaban de revelar con la misma luminosidad. Pero no tengo ninguna prueba. Nada tangible ni concluyente. Tan solo esa verdad que se hace evidente sin sombra de duda. Pero es una verdad débil, mi versión de los hechos dirán, si no tengo pruebas.

“¡Dios! ¡Es ella!” Y yo he cooperado, le he facilitado el camino, le he abierto las puertas y le he dejado vía libre y directa a su objetivo. ¡Qué disfraces tan crueles puede vestir la amistad! Personas desalmadas fingiendo afecto. ¡Imbécil tú! Que has mordido el anzuelo de la veneración falsa, además de infundada. “Una mujer como tú podría estar con cualquier hombre. No tienes porqué conformarte con menos.” ¿Pero qué coño voy a tener yo de especial? Lo único que acumulo en exceso son errores y desaciertos. ¡Maldita cerda! ¡Que bien sabe mentir!

He caído en la tiranía de la vanidad, atrapada por palabras ficticias colocadas estratégicamente como el queso en una ratonera. Y ahora no puedo escapar. Ninguna rata puede liberarse de la barra que le oprime el cuello. Acaba ahogándose, asfixiada.

¿Hasta dónde habrá llegado? ¿Hasta dónde quiere llegar? Miente con una naturalidad tan pasmosa que me horroriza. La creo capaz de cualquier cosa. De quitármelo todo. De despellejarme. De desplumarme como si yo fuera una gallina lista para el caldo. Y después lo hará con Luis. A él también lo desgajará. Aunque ahora no se de cuenta. Puedo verlo con el resplandor de una certeza.

“¡Estás loca, Ana! ¿Cómo puedes pensar eso de Melisa después de todo lo que ha hecho por ti?” Todos me encerrarán en esa trampa que he ayudado a construir. Pero la loca no soy yo. Yo estoy cuerda y acabo de ver con claridad sus delirios. ¡Es ella la loca! Loca en mayúsculas. Y yo cómplice de su locura. Y por cómplice más loca.

Me merezco lo que me está pasando. Pero no la dejaré salirse con la suya. Lo mejor será seguirle el juego. Tengo que pensar una forma de desembarazarme de ella sin que se de cuenta. Un accidente. Como aquel coche que cayó por un barranco con una mujer dentro mientras el hombre se apeaba para hacer una foto. Es algo tan tonto, que nadie podría imaginar que fue premeditado.

Sí. Mejor seguir fingiendo. Tengo que hacer ver que no me he dado cuenta. Simular una sonrisa sincera. Proponerle ir a Cala Callada. Un día de playa para nosotras. Buscaremos un rincón bello, y por bello me refiero a apartado… Nos llevaremos las gafas de snorkel. La convenceré para nadar hasta las rocas. Para sumergirnos contemplando los pececitos. Estaré atenta a las medusas, esta vez no será para esquivarlas. Ojalá sean varias. Aguantaré el dolor, el ardor y el escozor, mientras la sumerjo por la cabeza para que no queden las marcas de mis dedos sobre su piel. Si se resiste la empujaré contra las rocas. Si hay oleaje tanto mejor. Tengo que mirar el parte meteorológico, y la predicción marítima. Tengo que calcular el día idóneo… y mientras disimular. Hacer como siempre, que no note que lo sé. Que Luis tampoco se de cuenta. Que nadie pueda sospechar. Lloraré su pérdida por fuera y me alegraré de haber aniquilado la traición. Voy a curar mi estupidez con cada sorbo de agua que inunde sus pulmones. Hasta que pierda la estabilidad y la capacidad de mantenerse a flote. Sin comprender lo que ocurre, buscará sujetarse a mí, y volveré a hundirla. Hasta que sus pulmones se llenen de agua y no puedan mandar oxígeno al cerebro y muera.

–Ana, estás un poco rara últimamente. ¿Hay algo que te preocupa y no me lo has contado? –Penetró en mis pensamientos y en mi sentir-. Podemos ir este finde a Cala Callada. Creo que estar las dos solas y charlar de nuestras cosas nos sentará bien.

Yo le devolví una mirada cómplice, y acepté.

6 Comentarios
  • Nicolás Díaz

    11 septiembre 2018 a 7 h 16 min Responder

    Excelente!!

    • admin8586

      11 septiembre 2018 a 12 h 09 min Responder

      Muchas gracias !!!

  • Josefina Pérez Amorós

    6 noviembre 2018 a 21 h 43 min Responder

    Muy bueno. El final es de 10. Has creado una buena expectación y he sentido compasión y hasta cierta comprensión por la narradora. Es que las traiciones son muy jodidas.

    • admin8586

      6 noviembre 2018 a 22 h 23 min Responder

      Gracias por leerme.
      Sí, las traiciones son lo peor… te vuelves loco intentando comprender.

  • Facundo Martín Desimone

    4 diciembre 2018 a 16 h 45 min Responder

    Excelente relato!!! Te comparto el blog de literatura musicalizada que gestionamos con mi colega Alfredo, a ver qué te parece: https://expulsadoseden.blogspot.com/ 😊

    Abrazo grande!!

    • admin8586

      4 diciembre 2018 a 18 h 00 min Responder

      Gracias Facundo. Voy a visitar vuestro blog con mucho gusto.
      Un abrazo,
      Gloria Llatser

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