Escribir relatos
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Cómo hacer una tortilla sin romper el huevo

–Mamá, ¡no me lo puedes prohibir!

–¡Yo no te prohíbo nada!, pero es algo que tenemos que pensar con más calma.

–¡No! ¡Con más calma, no! Ahora es tan buen momento como cualquier otro.

–¡Pon la mesa!, que es la hora de cenar.

Rompe el huevo contra el bol con tanta furia que un trozo de cáscara se cuela dentro. Intenta apartarla con la punta del tenedor, pero se escabulle una y otra vez sin poder cogerla. Se me escapa, se escurre entre mis dedos…

–Mamá, no tienes por qué ponerte así. Será solo un año y si las cosas no salen bien, pues nada, vuelvo. ¡Al menos lo habré intentado! Sabes que la música lo es todo para mí, y en Londres tendré oportunidades que aquí son impensables.

Sin responder, apretando los labios y asiendo el mango con fuerza, enciende el fogón y coloca la sartén sobre el fuego. Rocía un poco de aceite sin parpadear, para obligar a las lágrimas a quedarse dentro. La mueve con nerviosismo impaciente, esperando que caliente pronto y pueda verter el huevo.

–¡Pareces la abuela! ¡Ves peligros y problemas donde no los hay!

–¡Yo no soy como la abuela! Sabes que odio que me digas eso, pero hay que pensar las cosas antes de hacerlas. Además todavía te quedan unos meses para los dieciocho.

-Pensar nada, mamá. Hacerlo y punto. Tú misma me lo enseñaste, como mínimo hay que intentarlo.

Como si una gota de aceite le hubiera salpicado en el corazón, se estremece. Yo no lo intenté… Dejé que los miedos de mamá me frenaran, y ¿para qué?

El corazón la estrangula por dentro. ¡Qué difícil! Toma el bol, lo apoya contra su vientre y bate el huevo enérgicamente.

¿Le estoy haciendo lo mismo? Pero tampoco estoy segura de qué es lo mejor. A fin de cuentas, no me ha ido tan mal… tengo un buen trabajo, y un buen sueldo que nos ha permitido salir adelante a los dos solos… ¿Pero he sido feliz? Bueno… con su padre me fue mal, pero al menos lo tengo a él… Pero si se va, si le ocurre algo, y si se aleja … ¿y si no lo consigue? Quise que fuera libre, que se descubriera a sí mismo, que viviera su propia vida, sin convencionalismos, sin normas que seguir, sin temores que lo limitaran; lo he animado a que luche por sus sueños, le tejí unas alas para que volara. Ahora tengo miedo de que no lo consiga, de que sufra, como he sufrido yo.

Su corazón salpica al ritmo del aceite en la sartén.

¿Acaso he sufrido por no lograrlo o por no intentarlo?

Vierte el huevo. Lo ve transformarse. Esa masa viscosa, dúctil y moldeable, ahora es una tortilla: sólida, compacta, consistente. Ya no pertenece al cascarón que lo ha protegido.

Podrá con todo.

Observa la cáscara; quebrada, vacía, rota… sin el contenido ya no tiene utilidad, piensa. No puede reprimir por más tiempo las lágrimas. Pesan tanto, que la cabeza se hunde entre sus hombros. Tambalea. Se apoya en la encimera con las dos manos.

Él se acerca por detrás. La aprieta muy fuerte, la estruja. No se rompe.

–Mamá. Te quiero… y siempre.

por Gloria Llatser

2 Comentarios
  • Loft & Table☆Paula

    1 abril 2017 a 11 h 52 min Responder

    Que relato más bonito. Me ha encantado.
    Por cierto soy muy amiga de Lourdes de Salou y me recomendó que te conociera con tu bonito blog de relatos. Tu y yo tenemos la gran suerte de sobrevivir compartiendo una gran amiga.
    Por cierto descubre mi blog que seguro que te gusta.
    Un gran beso.
    PAULA
    LOFT & TABLE
    http://loftandtable.com/decora-mesa-pascua-ponle-huevos/

    • admin8586

      1 abril 2017 a 14 h 34 min Responder

      Muchas gracias Paula!!! Visitaré tu blog. Un beso. Gloria

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